Omar Frank Maruy y su muy lograda apuesta por la comida fusión peruano-japonesa
Nikko, cebichería y platos criollos con sazón nikkei
Nikko es un nuevo concepto de cebichería, una carta de platos criollos de sazón nikkei muy al estilo de los célebres platos que se servían en los huariques de la cocina japonesa pioneros en el Perú. Su creador, Omar Frank Maruy, es de ascendencia alemana por parte de padre y japonesa por el lado materno, y es el responsable de apostar por la bien lograda fusión peruano-japonesa.
Desde que los japoneses llegaron al Perú, a fines del siglo XIX, se inició una silenciosa revolución gastronómica. Esto se hizo evidente muchas décadas después cuando la segunda generación de inmigrantes se hiciera cargo de pequeños y populares restaurantes de pescados y mariscos, que transformaron para siempre lo que hasta entonces conocíamos como “cocina criolla”.
“Nikko es una cebichería nikkéi que busca rendir honores a los pioneros y a quienes mantienen esos sabores: Rosita Yimura, El secreto de Otani, La buena Muerte, Ah Gusto…” dice Omar. Por ello en este rincón de La Molina el ambiente y la cocina es de cebichería. El local ofrece un ambiente moderno, elegante y acogedor; donde podremos disfrutar de su deliciosa carta con una variedad de entradas y platos de fondo, entre fríos y calientes.
Causas rellenas, cebiches y tiraditos de atún con aromas de tamarindo, anticuchos rebautizados como “yakicuchos” chicharrón de pollo con miel y canela china, son algunas de las deliciosas entradas que ofrece.
Omar se maneja bien con el tallarín saltado con calamares y el Taku Taku (bautizado así en honor al toque de oriente). Arroces, pescados enteros y sopas completan la propuesta. Que como buena cebichería también deja espacio para el sabor criollo.
No decepcionan los postres, también hechos en casa, que demuestra el oficio aprendido en T’anta, donde Omar fue jefe de producción durante una década. La carta de postres, que revelan el paso de Omar por el mundo dulce, y de variados cocteles con base de pisco, completa la propuesta de este chico que piensa refrescar su carta cada seis meses, con sabores creados sobre la base de la tradición. Variados cocteles con base de pisco, completan la propuesta.
El local de Nikko es simpático, relajado, luminoso y colorido. Pese a su sencillez está lleno de detalles divertidos, que van desde el diseño de la Carta hasta las zapatillas rojas del mozo. La atención es cordial y se nota el esmero por satisfacer al cliente.
Si desea ser transportado a una nueva dimensión de aromas y sabores en el que la gastronomía peruana se nutre y enriquece una vez más con esa maravillosa fuente llamada cocina japonesa, no queda más que atender lo antes posible la gentil invitación que Omar hace con amplia sonrisa: "los invitamos a visitar Nikko".
Reportaje: Miguel Linares
Fotografías: César Tataje