No solo el pisco está tratando de buscar un lugar dentro de las preferencias del público extranjero. Ahora, con el objetivo de revalorar a la chicha de jora y darla a conocer en el mundo, la universidad privada Antonio Guillermo Urrelo (Upagu) anunció que a partir del próximo año exportará esta bebida, la que llevará como nombre: “El licor de los incas”. Para ello, construirá una planta que demandará una inversión de más de 500 mil dólares.
En Año Nuevo, el consumo aumenta. Una jarra de chicha luego de una noche de celebraciones es lo mejor para comenzar el año. Al final, para los norteños, la chicha es algo así como la leche materna.
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“Estamos en la etapa de formalización en la que se tiene que cumplir una serie de requisitos como el registro de marca, autorización, certificación de calidad, registro sanitario y otros. El siguiente paso será la construcción de la planta en un terreno de cinco hectáreas de la universidad ubicado en Baños del Inca”, indicó Manuel Becerra, presidente del directorio de la Upagu.
De igual manera, Becerra afirmó que este proyecto favorecerá a los estudiantes de diversas facultades afines a la actividad productiva y comercial, quienes tendrán la oportunidad de realizar sus prácticas profesionales.
En los dos últimos años, la universidad ha producido un lote de chicha de jora para validar el proceso de producción. Durante el tradicional carnaval de febrero del próximo año, se ofrecerá esta bebida al público local.
El licor de los Incas, costumbre ancestral
El origen de esta bebida se remonta al incanato, en que las acllas se encargaban de prepararla para el inca. “Se trataba de la bebida oficial en las ceremonias, servía para rendirle culto al Sol y a la Luna y a la madre Tierra. Lo sorprendente es que ha sobrevivido hasta nuestros días”, cuenta la historiadora de la Universidad de Piura, Ruth Rosas a El Comercio.
Pese a su perdurabilidad en el tiempo y su tradicional consumo, la chicha se prepara en pocos lugares. Los más conocidos son La Casa de Humo, la Caracortada, la Negra Lela y la Pedregaleña I y II, en Catacaos. Ellos ofrecen esta bebida milenaria a restaurantes como La Tomasita, La Santitos, La Chayo y El Ganso Azul.
En Año Nuevo, el consumo aumenta. Una jarra de chicha luego de una noche de celebraciones es lo mejor para comenzar el año. Al final, para los norteños, la chicha es algo así como la leche materna.
La preparación de la chicha comienza con la jora. Esta se obtiene con la germinación controlada de los granos de maíz, para evitar el desarrollo de la raíz.
La preparación moderna de esta bebida demora cinco días. Primero se cocina la harina de maíz, al día siguiente se vuelve a cocinar, se ciernen los grumos y se llena en cántaros de barro. Luego de dos días de espera, en los que se fermenta bien la bebida y agarra cuerpo, la chicha está lista.
Luego de cernir la harina de maíz cocida dos veces, esta preparación se deja reposar en tinajas. La parte espesa de la bebida será la chicha. A la que queda encima, un líquido menos concentrado, se le conoce como clarito o flor de chicha.
(ANDINA 28.10.2010 / El Comercio)
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